“Un campesino sin tierra no tiene ninguna posibilidad de desarrollarse” asegura Walter Ruiz, viceministro de Agricultura en Costa Rica, y más de una década de experiencia en el proceso de reforma agraria en el país centroamericano.
Ruiz sostiene que el desarrollo rural pasa, en primer lugar, por impulsar la producción agropecuaria, maximizando los dos principales recursos existentes: la tierra y la mano de obra.
Otro aspecto esencial es favorecer la organización social de base de los productores para permitirles acceder a elementos de una economía de escala que no se alcanzan a través de la agricultura familiar: mecanización, comercialización, compra de insumos, transporte e integración vertical y horizontal, además de obtener un mayor poder político. Ruiz destaca también la importancia de la incorporación a la mujer a los procesos productivos, y la promoción de sectores estratégicos como la agroindustria y el ecoturismo.
Pero el desarrollo rural es inviable si no se facilita a los campesinos el acceso a la tierra, advierte: “Un agricultor sin tierra no es agricultor, no tiene ninguna posibilidad de desarrollarse”. El viceministro cree que aunque el péndulo de la economía mundial ha dejado de lado los procesos de reforma agraria en América Latina, el aumento de la pobreza lleva a replantearse de nuevo la cuestión de la distribución de tierras.
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Ruiz analiza dos “historias de éxito” llevadas a cabo en Costa Rica: en primer lugar, un proyecto en la zona sur del país, dirigido a campesinos que habían perdido su empleo en las grandes transnacionales bananeras, un problema que amenazaba con convertirse en un conflicto social. El estado costarricense adquirió tierras y transfirió los títulos de propiedad a los campesinos, que ahora producen aceite de palma y varios productos derivados a través de una cooperativa que funciona de forma eficaz.
Otro ejemplo es la zona de regadíos en la región septentrional del país, donde el gobierno invirtió 55 millones de dólares en la compra de tierras que se repartieron entre unos dos mil nuevos parceleros que ahora producen arroz, caña de azúcar, tilapia y melones. Una zona que se estaba despoblando ahora atrae a nuevos residentes y cuenta con una nueva fuente de riqueza. Por ello, Ruiz aboga por el apoyo estatal a este tipo de proyectos que, insiste, pasan por una distribución equitativa de las tierras.
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